El marketing de influencia se ha convertido en uno de los canales más efectivos para las marcas en la última década. La capacidad de los creadores de contenido para generar confianza y conectar con comunidades específicas ha transformado la forma en la que se construyen las relaciones entre marcas y consumidores.
Sin embargo, 2025 trae un giro inesperado: los influencers virtuales. Figuras creadas íntegramente por inteligencia artificial que no existen en el mundo real, pero que generan contenido, acumulan seguidores y firman contratos publicitarios con grandes compañías.
El fenómeno está en plena expansión y plantea una pregunta clave para los directores de marketing: ¿se trata de una moda pasajera o del próximo gran cambio en el marketing digital?
Qué son los influencers virtuales
Un influencer virtual es un personaje digital diseñado mediante gráficos 3D e inteligencia artificial. Su aspecto puede ser hiperrealista o estilizado, y se le dota de una personalidad, una historia y una estética coherente que lo hacen creíble para la audiencia.
A diferencia de los creadores humanos, presentan características que los hacen muy atractivos para las marcas:
- Disponibilidad 24/7: no tienen limitaciones físicas ni de agenda.
- Control total: la marca decide qué dicen, cómo se visten y qué valores transmiten.
- Sin polémicas personales: no hay riesgo de crisis reputacionales por comportamientos externos.
- Escalabilidad global: un mismo perfil puede adaptarse a múltiples idiomas y culturas.
Pero más allá de lo técnico, lo realmente interesante es cómo los consumidores interactúan con estos personajes y qué expectativas tienen de ellos.
Los influencers más populares
Lil Miquela, creada en 2016 por la start-up Brud, es la pionera y uno de los casos más conocidos. Acumula más de 2,5 millones de seguidores en Instagram y ha colaborado con marcas como Prada, Burberry o Calvin Klein. Su narrativa, que mezcla activismo, música y moda, ha demostrado que un personaje virtual puede construir comunidad si cuenta con un storytelling trabajado.
Más reciente, Mia Zelu sorprendió al público al aparecer en eventos como Wimbledon y generar miles de interacciones antes de que se desvelara que era una creación de IA. Su caso ejemplifica la facilidad con la que estos personajes pueden integrarse en escenarios del mundo real, despertando interés mediático y debate sobre los límites de lo virtual.
En España, la agencia The Clueless creó a Aitana López, una modelo virtual de estética fitness y lifestyle que ya supera los 250.000 seguidores en Instagram. Genera ingresos mensuales a través de colaboraciones con marcas de moda y deporte, y representa un caso tangible de cómo este fenómeno está llegando también a mercados locales.

Ventajas para las marcas
El atractivo de los influencers virtuales se entiende mejor desde la perspectiva de un CMO:
- Control absoluto de la narrativa
No hay imprevistos: cada publicación responde a la estrategia de marca. Esto permite transmitir valores corporativos con coherencia y sin riesgo de desviaciones. - Eficiencia y escalabilidad
Un influencer virtual puede generar contenido constante, adaptarse a distintos mercados y mantener una estética impecable en todo momento. - Innovación y notoriedad
Al ser todavía un fenómeno novedoso, generan conversación en medios y redes. Colaborar con un influencer virtual posiciona a la marca como innovadora. - Costes predecibles
Aunque requieren inversión inicial en diseño y desarrollo, evitan los elevados fees de exclusividad y las limitaciones logísticas de los influencers humanos.
Riesgos y limitaciones
Aunque los influencers virtuales ofrecen innovación y control, también presentan desafíos importantes. El mayor riesgo es la credibilidad: el marketing de influencia se basa en la confianza, y muchos consumidores pueden desconfiar de las recomendaciones de un personaje inexistente. Además, la autenticidad —factor diferencial de los creadores humanos— se pone en cuestión cuando el contenido resulta demasiado perfecto o carente de emociones reales.
A esto se suma la aceptación cultural desigual: en algunos mercados estos perfiles se perciben como disruptivos e interesantes, mientras que en otros generan rechazo. Y, por último, la transparencia es clave: si una marca no comunica de forma clara que se trata de un influencer creado por IA, corre el riesgo de ser acusada de manipulación, con un impacto negativo en su reputación.
El futuro del marketing de influencia
Los expertos coinciden en que los influencers virtuales no sustituirán a los humanos, pero sí se consolidarán como un complemento estratégico. Gartner prevé que para 2026 más del 30 % de las marcas globales habrán experimentado con figuras digitales en sus campañas.
El futuro será híbrido, con creadores humanos aportando cercanía y confianza, y perfiles virtuales ofreciendo control, innovación y capacidad de escala. El reto para los CMOs será encontrar el equilibrio adecuado y diseñar narrativas que conecten con el consumidor en ambos planos.
En definitiva, no se trata de elegir entre personas o personajes digitales, sino de entender cómo ambos pueden convivir para crear campañas más relevantes, innovadoras y efectivas.